La creatividad es un talento que se puede activar

El niño que no juega no es niño, pero el hombre que no juega perdió para siempre al niño que vivía en él y que le hará mucha falta”.
Pablo Neruda

Es genuino querer ser creativos, flexibles y capaces de proponer ideas originales en los diferentes ámbitos de nuestras vidas. La sola idea de no conseguirlo en un mundo cada vez más exigente, competitivo y cambiante nos paraliza. Los obstáculos para ser creativos están en nuestra mente, en pensamientos instaurados debido a una educación inflexible que ha privilegiado únicamente la lógica y la razón, dejando a un lado la imaginación, la intuición y la inventiva.

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Este libro está escrito para vencer todos los supuestos acerca de la capacidad creadora y acercarnos a ella de manera natural y divertida.

Todos tenemos esa facultad innata de ser creativos. La buena noticia es que despertarla puede llegar a ser tan fácil como respirar si dejamos fluir nuestras dudas como detonante para la creación y aceptamos el error como oportunidad para aprender y recrear. Veremos, a través del recorrido por estas páginas, cómo es posible conseguir que el pensamiento creativo se instaure como parte vital de nuestra existencia y llevarlo a nuestro máximo potencial.

La curiosidad, la capacidad de asombro y la habilidad para preguntarse y explorar el mundo de manera creativa de los niños han sido la fuente primaria de inspiración para este relato. Si como adultos perdimos este espíritu de la infancia, llegó la hora de recuperarlo no solo para desempeñarnos mejor en la sociedad, sino para ser personas más felices y conectadas con la vida.

Los niños juegan para explorar y descubrir, y lo hacen con seriedad, placer y alegría. Sienten gran satisfacción cuando algo inesperado ocurre, lo celebran y quieren compartirlo para obtener reconocimiento y gozar del proceso. El maestro de la psicología positiva Mihaly Csikszentmihalyi dice que las personas más felices son aquellas que aman lo que hacen y disfrutan cuando descubren o diseñan algo nuevo.

La creación, desde esta mirada, es un acto de placer que trasciende al individuo e impacta a otros en una especie de efecto rebote. Todo acto creativo vuelve a nosotros en forma de reconocimiento o de satisfacción; ver que hemos descubierto y sorprendido a alguien nos sorprende a la vez a nosotros.


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