Estados Unidos. ¿Dará por terminada su presencia en Irak?

Por: Madrid Cienfuegos M.

Estados Unidos está realizando un leve cambio a su política exterior con Medio Oriente. Pareciera que su presencia ya no es tan prioritaria como en el pasado cuando esgrimió la lucha ferviente contra el terrorismo, especialmente contra el Estado Islámico (EI), ISIS y Al Qaeda. El nuevo gobierno de Joe Biden, se ha planteado la reducción de presencia militar: primero fue Afganistán y ahora Irak. Lo que refleja que la atención de Estados Unidos se centrará ahora en la región del Asia Pacífico y el mar de la China Meridional. 

Las acciones que ha realizado Estados Unidos y que apuntan en esa dirección son la reciente evacuación de cuatro baterías de sistemas de defensa de antimisiles Patriot de Arabia Saudí, la reducción del número de soldados americanos en las bases del Golfo Pérsico, la retirada de las tropas de Afganistán después de veinte años, dejando el país en manos de los talibanes a los que Washington ha combatido desde los atentados del 11Sep de 2001. 

Y recientemente, el 26Jul21, Estados Unidos pactó con Irak el cese de su misión de combate después de 18 años de ocupación. Pero ¿realmente dará por terminada su presencia en Irak? Si bien es cierto, saldrán las tropas, pero quedará un grupo de militares norteamericanos para entrenar, asesorar y asistir con logística a las fuerzas de seguridad iraquíes. 

Entonces, a pesar de la reducción de tropas de Estados Unidos, Occidente no abandonará por completo Irak, ya que estará atento para ver si EI o cualquier otro grupo yihadista usará a Irak como un trampolín para llevar a cabo ataques transnacionales, especialmente en Occidente. 

En este sentido, se deja un país invadido, todavía sumido en la inseguridad y con una tasa de desempleo que ronda el 13,74% en 2020, y con la posibilidad de que regrese el autodenominado EI, el grupo que aterrorizó a gran parte de Medio Oriente y atrajo a reclutas de lugares tan lejanos como Reino Unido, Trinidad y Australia.  

Históricamente la fuerte presencia militar americana en el Medio Oriente geopolíticamente se pudiera justificar por la necesidad de garantizar el suministro de petróleo a Occidente, para proteger a Israel y para evitar que otra potencia regional o mundial ocupara ese espacio. Un vacío que ahora está ocupando China; aunque no en el plano militar, sino el comercial. 

China importa el 15% de su petróleo de Arabia Saudí y el 9% de Irak, durante los últimos doce meses solo ha importado el 3% de Irán, una correlación que se modificará cuando se aplique el “pacto estratégico”.

Ya no sólo es el oro negro al que le interesa a China, donde casi todas las grandes empresas chinas están trabajando en los yacimientos iraquíes. A China, también le interesa el gas. En 2019, una empresa china y una iraquí firmaron un acuerdo por un valor de 1.070 millones de dólares para procesar alrededor de 300 millones de pies cúbicos de gas del yacimiento petrolero de Halfaya, en el sur de Irak.

La clave para esta “conquista” pacífica de los recursos iraquíes ha sido que China no ha querido intervenir en los asuntos internos iraquíes, a diferencia de Estados Unidos.  

La reducción de tropas de Estados Unidos en estos espacios se complementará con una mayor presencia militar en el sudeste asiático y en el mar de la China Meridional con el fin de contrarrestar la influencia de la emergente potencia asiática a la que Estados Unidos ve como una amenaza a sus intereses. 

Por otra parte, la presencia militar norteamericana, con decenas de bases terrestres, aéreas y marítimas, no ha logrado resolver los problemas y conflictos del Medio Oriente, ni en Siria, ni en Yemen, ni en Libia, ni en Irak, ni en Líbano. 

Se ha considerado que la presencia de tropas fuera de Estados Unidos ha representado un gasto exorbitante al presupuesto, sumado a la pérdida de vidas humanas, no sólo como sucedió en Afganistán, sino también en Irak, donde murieron 4.419 militares norteamericanos; el número de iraquíes no es posible determinarlo, calculándose entre 97.000 y 106.000. Sin embargo, al comparar el costo económico y el beneficio político, muchos se preguntan si ha valió el esfuerzo. 

Washington está creando una realidad distinta a la de las últimas décadas, una situación que podrá corregirse más adelante si el presidente Biden lo considera oportuno, pero que mientras tanto permite presumir que el futuro del Medio Oriente será diferente del pasado que hemos conocido.

 

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