El nuevo presidente de Perú: ¿Entre dos aguas?

Por: Madrid Cienfuegos M. 

Pedro Castillo asume el Gobierno el 28Jul21, pero ya antes de asumir, parece haber roces entre el nuevo presidente electo y el presidente del partido Perú Libre, Vladimir Cerrón. Durante la campaña electoral de Pedro Castillo, fue Cerrón el responsable de dictar las políticas de Castillo, lo que sin duda alguna seguirá haciendo ahora que Castillo es el presidente. En otras palabras, es Cerrón quién detentará el “poder en la sombra”. 

Todo lo anterior se visualiza en una de sus intervenciones en la Asamblea Nacional de su partido, donde cuestionó al Parlamento porque “boicoteará” sus planes: una Mesa Directiva de Perú Libre y una Asamblea Constituyente para una nueva Carta Magna, porque “la revolución” no se hace con un Parlamento oficial. Asimismo, Cerrón le lanzó una advertencia a Castillo: “Si el gobierno se desvía, es el partido que tiene que rectificar la línea”. 

No obstante, Castillo, le salió al paso y señaló que no está obligado a seguir las posiciones radicales de Perú Libre y que no designaría a ministros propuestos como “cupo partidario”. Además, dijo que la Constitución será cambiada “solo si el pueblo lo pide”. En este sentido, Castillo antes de asumir, ya se encuentra entre dos aguas: el partido y el gobierno que va a asumir. ¿Podrá gobernar Castillo, sin el apoyo del partido que lo llevó al poder? Y ¿Aceptará Cerrón que Castillo lo aparte del gobierno? Por el panorama político que se pinta, se advierten vientos y tempestades. 

Cerrón, un político de extrema izquierda que se le vincula con Sendero Luminoso, demostró que detenta el poder, porque aún con dos condenas que se le imputaron por corrupción, a los tres días de Pedro Castillo ganar las elecciones, las condenas fueron anuladas. Lo que demuestra la influencia que tiene en el sistema de administración de justicia. 

El presidente de Perú Libre, Vladimir Cerrón también habló de permanecer en el poder una vez que asuman el gobierno. “El gobierno hará las obras, mientras que el partido creará la conciencia popular para sostenerlo. El gobierno lanzará la necesidad de un referéndum, y el partido logrará las firmas. Si el gobierno es amenazado, el partido organizará la defensa. Y, finalmente, cuando el gobierno pase, el partido queda”, Y añadió “cambiaremos lo que tiene que ser cambiado, como decía Fidel Castro”. Es decir, sin ser el presidente deja un abrebocas de lo que será “su gobierno”, con la influencia de los Castro. 

La tan cacareada Asamblea Constituyente para elaborar una nueva Constitución que tantas veces planteó Castillo, es la manzana de la discordia. Porque no es lo mismo ser candidato y hacer promesas, que ser presidente, enfrentarse a un poder Legislativo en el que no tiene mayoría, y no tener el respaldo del 80% de la población que no lo eligió. 

El nuevo presidente, promocionó durante su campaña que cambiaría la Constitución, a través de una Asamblea Constituyente, la cual deberá ser aprobada por el Congreso, con una mayoría calificada de 87 votos, pero que Perú Libre (su partido) no tiene. 

Por lo tanto, Pedro Castillo no tendrá luz verde para hacer lo que le venga en gana. Hay un Congreso de 130 legisladores, que representan a diez partidos políticos, donde si bien es cierto que Perú Libre es la bancada con mayor número de representantes (37), Fuerza Popular (partido de Keiko Fujimori) le sigue con 24 legisladores, y las demás agrupaciones en menor cuantía. 

En este sentido, es un poder Legislativo muy fragmentado, donde habrá muchas disputas para lograr consensos y algunas de sus propuestas no tendrían mucho espacio para ser aprobadas. Le vienen a Perú tiempos muy complejos con fuertes desafíos y con una población muy dividida. 

Perú logró sucumbir a la fuerte inestabilidad política gracias al gobierno de transición de Francisco Sagasti que entre tanta pugna lo llevó a feliz término, incluso en la reciente disputada elección. Y aunque todos los sectores llaman a la paz, a la unidad, a la conciliación, se hará cuesta arriba si existen férreas controversias dentro del mismo partido de gobierno, el recién electo presidente (quien siempre utilizó un lenguaje de confrontación, de división, de amenaza) y la oposición. 

A Castillo ya muchos le han aconsejado que no hace falta cambiar la Constitución para mejorar la situación socio económica del país, ni para disminuir el desempleo, ni crear más y mejores servicios públicos. Incluso, el presidente de la transición Francisco Sagasti le aconsejó no cambiar la constitución porque lo que generará será división. Ya fue advertido. 

Por otra parte, el nuevo presidente de Perú, se hizo durante la campaña de mucha simbología como el lápiz, un símil de la revolución cubana cuando implementaron el programa de alfabetización, el sombreo para denotar que viene de una clase social humilde. 

Y ahora, luego de asumir el gobierno, se juramentará también un día después, pero simbólicamente el 29Jul21 en el Santuario Histórico de la Pampa de Ayacucho, donde el Ejército Libertador derrotó al Ejército Real de la corona española. Todo ello, me recuerda a un presidente fallecido de Venezuela.

 

 

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