FELIZ AÑO 2021, ¿hacia dónde vamos?

Por Pfag / @PedroAranguren 

 

Cuando comienza un año nuevo solemos recargar todos nuestros pulmones de las mejores esperanzas para echarnos a andar con los hombros erguidos, dispuestos a comernos el mundo, pero dos hechos salen en el camino al no más salir para bajarnos los humos y las ilusiones: el coronavirus asesino que anda por ahí merodeando, y en el caso de los venezolanos, un país vuelto añicos por una pésima gerencia sostenida por más de veinte años, en el que la gente perdió la fe, tanto los seguidores del gobierno chavista como de los opositores. 

Los dirigentes del gobierno han prometido maravillas y nada ha ocurrido, o sí ha ocurrido, desastre más desastre. Las imágenes visuales de las calles de Caracas lo atestiguan, el 24 y 31 de diciembre: largas colas para comprar gasolina, en un país  con las “más grandes reservas de petróleo del mundo”, y un salario de los trabajadores vuelto papelillo. Miseria y estrecheces, pues, y los inmigrantes venezolanos que andan por ahí, por América latina y el mundo, con una mano y otra atrás también lo atestiguan. 

Pero en la acera de enfrente, del lado opositor, el panorama es desolador, han prometido mil veces acabar con el régimen de gobierno Venezuela y han salido una y otra vez con las tablas en la cabeza. 

Así que la desesperanza campea por todos lados, es como si la gente se hubiese resignado a esperar lo peor, a que todo se vaya agravando. 

Así que este feliz año venezolano, gritado en nuestros hogares, tuvo encima la espada de Damocles, una de las peores desesperanzas que hayamos vivido jamás como país. 

Así que los venezolanos no amanecimos caminando con los hombros erguidos después de gritar, ¡feliz año!, al apenas las agujas del reloj nos dijeron que habíamos llegado al 2021; no, porque la memoria se encarga de meternos en el hueco de la desesperanza, de decirnos que aquí nada va a pasar y que las cosas irán como en el caso de la rana que la meten en la olla con agua, a fuego lento: irá hirviéndose poco a poco, sin apenas darse cuenta que todos los días las cosas se ponen peores. 

Sí, los venezolanos hemos llegado al sonambulismo: dejar hacer, dejar pasar, entregados y resignados a que lo peor está por llegar, pero sin voluntad y sin fe para ni siquiera agilizar el paso hacia algún lugar desconocido, que nos lleve a otra parte distinta a donde ahora permanecemos anclados, como zombis. 

Pero en esas condiciones de desoladora desesperanza, llegará la luz y precisamente ahora, en el 2021. 

Sí, será llamado el Milagro Venezolano

El vuelo del águila. 

La renovación y transformación de la conciencia, emergiendo la conciencia crística. 

Serán desde luego, tiempos de lucha. Pero una batalla emprendida con la bendición divina hacia la luz, el Altísimo guiando en todo momento en medio de los escollos, y concediendo la victoria. 

 

Bolívar regresando y emergiendo con su grito libertario, real y verdadero, no el bla-bla de un bolivarianismo chucuto y amorfo, porque Bolívar tiene que ser bajado del altar donde se le hace culto, para que se convierta en inspiración de los nuevos movimientos que emerjan para producir algo nuevo y grande. 

Simón Bolívar

Porque Bolívar sin práctica política que se inspire en su espíritu libertario no nos sirve nada. Es el Simón Bolívar que duerme en un  sarcófago. 

Queremos el Bolívar vivo, renacido en nosotros, en obra grande y resiliente. 

Sí, porque emergerá una nueva fe que eche por la borda esta desesperanza que nos mantiene más abajo aún a la que fue llamada en su momento “la patria boba”

Una fe que nos hará renacer  y crear una obra grande y hermosa, de la que emergerá una patria también renacida, la patria que soñó el gran Libertador  Simón Bolívar hecha realidad.

Y las miradas del mundo estarán sobre nosotros. 

Amén. 

 


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