¡Estudiante lo cuenta todo! La UCV: La casa que está siendo vencida por las sombras

Por Daniela Calzadilla

 

La Universidad Central de Venezuela, desde su fundación el 22 de diciembre de 1721, se ha destacado por ser una de las mejores a nivel mundial, estando siempre entre las mejores 100 del mundo, tanto por su nivel educativo, como por sus estructuras y una cantidad de puntos positivos que tiene. La UCV no es menos que una de las mejores del país y es por esto que todos desean estudiar en esta, incluso aquellos que pertenecen al interior del país.

Universidad Central de Venezuela

Desde pequeña, siempre fui buena estudiante y soñaba con pertenecer a esta casa de estudios; un largo legado familiar de personas que pertenecían a la misma ejerciendo como profesores, estudiantes y personal obrero, no hacían más que acrecentar mi entusiasmo por ser parte de la UCV.

Por azares del destino, luego de muchas complicaciones, ingresé a esta en el año 2018, en una carrera de la cual no tenía ni idea hasta que empecé a estudiarla y que por sorpresa se volvió interesante; por fin logré ese objetivo que tenía desde bastante tiempo atrás.

Sin embargo, una vez dentro, la realidad golpea y es cuando se conoce la verdad de esta universidad. Es bien conocido por los venezolanos, que la UCV, como dicen “siempre está de paro”, pero ese es el menor de los problemas a los que se enfrenta la comunidad universitaria, esta es una de esas dificultades que siempre se logra franquear.

Más allá de esto, uno de los principales problemas del día a día de la Universidad Central de Venezuela, son los sueldos míseros que gana cada uno de sus trabajadores. No es desconocida que la situación a la que se enfrenta el país es absolutamente denigrante, siendo igual para los trabajadores de esta casa de estudios que trabajan por “amor al arte”, puesto que sus gastos no cubren la calidad de vida que merecen.

Esto trae terribles repercusiones en el desempeño de las labores educativas, los profesores no desean dar clases o trabajan en pocos horarios, por lo que la falta de al menos un profesor por semestre o año educativo (según sea la carrera), es la normalidad a la que se enfrentan los estudiantes. Tener los profesores completos en una escuela es algo que se ha vuelto increíble y que deja asombrado a quien lo escucha.

No es menos grave la situación de la seguridad dentro de la universidad. En las áreas menos transitadas, los estudiantes se mantienen alerta y los salones permanecen cerrados, por miedo a que entre algún delincuente a estos. La sensación de tranquilidad que se solía respirar en los pasillos, como cuando yo era una niña y me acercaba a las áreas universitarias, ha desaparecido.

Universidad Central de Venezuela: 295 años venciendo las sombras

Pero ¿Cómo van a hacer un trabajo de calidad el personal de seguridad?, si los sueldos que ganan no les alcanzan para cubrir, ni siquiera los gastos mínimos de una vida digna. Estos reciben un pago tan bajo, que es interesante preguntarse ¿Cómo mantiene una persona un hogar de esa manera?

Estos tiempos de pandemia, con la crisis generada por el COVID-19, todo ha empeorado en la casa de estudios. La limpieza de las áreas ha quedado por completo descuidada y el mantenimiento que se le ha dado a las estructuras ha sido nulo. Muestra de ello, es la caída de una parte del techo del pasillo.

Este pasillo, diseñado por mundialmente reconocido arquitecto Carlos Raúl Villanueva, es una obra arquitectónica admirable y que, por descuido y falta de mantenimiento, sufrió un derrumbe en una de sus partes, en las que, por suerte, nadie salió herido. Sin embargo, este hecho lastimó a aquellos que apreciamos la universidad de manera emocional.

Las preguntas ahora abundan en la comunidad universitaria sobre cómo se va a reparar esa parte del pasillo o de dónde se sacará el presupuesto para hacerlo y, como ya es costumbre, no se les da más que una respuesta superficial para mantener contento al que no sepa ver más allá.

Hace 296 años fue fundada la Universidad Central de Venezuela

Este derrumbe, fue un llamado de atención para aquellos que sí anhelan mantener con vida la universidad y es ahora el símbolo de cómo van cayendo las sombras sobre la conocida “casa que vence las sombras”. Estudiantes, profesores y personal obrero, se alarmaron de la situación en el momento en que esto sucedió, puesto que pone en evidencia el descuido y la desidia que abunda en la UCV.

En los meses que pasaron luego de este acontecimiento, grupos de principalmente estudiantes voluntarios y personal obrero, se acercaron para realizar de la mejor forma que les es posible, labores de limpieza y recuperación de espacios para intentar dar vida de nuevo a la universidad.

Estos son aquellos que apuestan porque realmente la UCV se mantenga en pie y siga formando parte de las mejores universidades. Aún hay personas con fe en que las cosas se pueden solucionar y que, con constancia y dedicación todas las dificultades se pueden franquear.

Yo realmente espero que las dificultades actuales, sólo sean pasajeras y que la universidad sea la prueba de cómo todo un país puede salir adelante. Que esta juventud que ahora está comprometida con su casa de estudios, también ponga esa pasión para desempeñar su papel en la sociedad y, que cada uno de nosotros; que el país pueda vencer sus sombras.


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