Frase de hoy, Richard Nixon: El porqué de una trágica derrota (Watergate),

Por Pfag @PedroAranguren

“La grandeza no llega cuando las cosas marchan a pedir de boca sino cuando uno está sometido a una dura prueba; cuando se encajan golpes y desilusiones; cuando sobreviene la tristeza. Porque sólo luego de haber vivido en lo más profundo de los valles se puede apreciar lo magnífico que es ascender a la cumbre de la más alta montaña”, *Richard Nixon. 

 

Richard Nixon pertenece a una figura trágica en la historia política, él mismo fue una personalidad arrebatada por las sombras y que desde allí emergió, no hacia la luz, sino hacia la cumbre del poder sin sacudirse lo trágico, sin haberse recuperado de las trazas que las grandes derrotas dejan en la psique de todo gladiador. 

Después de haber sido representante ante el Congreso de los Estados Unidos, Senador y Vicepresidente por ocho años, perdió las elecciones a la presidencia a manos del carismático John F. Kennedy, pero la catástrofe le sobrevino en el 1962 cuando fue derrotado en su intento de ser gobernador de California. 

John F. Kennedy

Dicen que el presidente Kennedy comentó su derrota como aspirante a gobernador: “Ahora sí hemos acabado con el  señor Nixon”, contándose que el clan Kennedy se empleó muy a fondo para que Richard Nixon mordiera el polvo de la derrota, pensándose  que del polvo nadie regresa resucitado. 

Pero no fue así, en el 68 resucitó, ganando la presidencia, en una de las recuperaciones políticas más espectaculares en la historia política  de los Estados Unidos. 

Henry Kissinger

Terminó la guerra de Vietnam, trayendo de vuelta las tropas a su patria y restableció las relaciones diplomáticas con China, de la mano de , visitando a Mao en Pekín, en una carambola espectacular de su diplomacia, habiendo sido en toda su carrera un anticomunista furibundo. 

 

Pero en el camino le tenía reservado el caso Watergate y fue él mismo quien se puso la soga al cuello cuando ordenó grabar todas sus conversaciones en su despacho, y a pesar que no había ordenado poner micrófonos en las oficinas del partido demócrata, tuvo que renunciar a la presidencia porque las cintas revelaban que él había encubierto el caso instruyendo a sus colaboradores  a poner a los incriminados un abogado. 

Pero fue Henry Kissinger en sus memorias que revelaría que Nixon tenía una mente paranoica y que muchas de sus decisiones desacertadas tuvo esa motivación psicológica: no confiaba en nadie, ni en él mismo. 

¿Ordenar grabarse a sí mismo?, ¡Sí, una locura!,  y le costó lo que había logrado con más esfuerzo que ningún otro presidente: a base de una disciplina poco común, remontando el profundo valle de los derrotados para volver a él, calumniado y vituperado, por perjurio y encubrimiento. 

Muy pocas figuras destacadas de la historia han vivido en ese limbo entre el poder, la derrota, la victoria y la tragedia, como Richard Nixon. 

Pero ahí está una clave para entender lo que de otra manera cuesta tanto comprender: la locura de la paranoia, cuando ha hecho cama en los aposentos sombríos de la política. 

*Richard Nixon: En la arena. 

 

 


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