Enfoques para abordar el COVID-19 (II)

 Por Fibonacci

 

En el artículo anterior, comenté que la mejor contención del virus proviene del uso simultáneo de pruebas de detección masivas, aislamiento de los infectados y grupos  que son vulnerables, seguimiento de contactos, e intermitencia entre períodos cortos de trabajo y cuarentena. Es por ello, que al final del día la cantidad de tiempo en la que se puede controlar el virus depende del enfoque utilizado, particularmente la capacidad de hacer pruebas de detección masivas.

Ahondando un poco más en esto, un enfoque combinado se debería fundamentar en, primero, hacer pruebas de detección masivas, puesto que para saber el nivel real de propagación del virus, tenemos que saber quiénes están contagiados. La forma de hacer esto puede variar, soy más proclive a una opción como la que propone el premio Nobel de Economía Paul Romer, de hacer testeos a literalmente toda la población, con repeticiones cada dos semanas (el promedio en que se pueden comenzar a sentir síntomas de COVID-19). Romer propone que 7 % de la población debe ser testeada al día en EE.UU., pero esto dependería del país y se puede relajar para otorgar margen de error. Financieramente, es posible hacer esto para muchos países emergentes, pero creo que la falta de asesoramiento nacional y multilateral a los gobiernos serios, ha evitado redirigir suficientes esfuerzos en función de este punto, cuya importancia es clave. 

 

La segunda parte de la estrategia se basaría en aislamiento y seguimiento de contactos (contact tracing). El aislamiento o aplicación de la cuarentena sería a contagiados y a grupos vulnerables, como personas con problemas respiratorios, ancianos, obesos, etc. El seguimiento de contactos tiene problemas de implementación, por lo que es difícil ver en países en vías de desarrollo algo como lo que hacer en Corea del Sur, por ejemplo.

¿Y qué ocurre con el resto de la población? Pueden hacer sus actividades pero bajo un “nuevo normal” con una intermitencia entre trabajo-encierro, basado en parte en lo propuesto por Uri Alon y otros del Instituto Weizmann de Israel, y por Neil Ferguson y otros del Imperial College de RU. Dado que pueden aparecer falsos positivos en las pruebas, y que un infectado puede comenzar a infectar a otros en 3-4 días, entonces se puede aplicar una estrategia semanal de 2 días de trabajo y 5 de encierro, o bimensual de 4 días de trabajo y 10 de encierro. Esta estrategia se mantiene hasta: a) conseguir una cura/vacuna, b) que ceda la propagación del virus (R<1) y se relajen las medidas. Si el virus comienza a acelerar su propagación (R>1), se retoma la estrategia trabajo-encierro.

De esta manera, se aborda un enfoque de contención de la pandemia, suavizando el efecto negativo sobre la actividad económica agregada, sobre los medios de vida de los individuos, y de igual modo su salud psicológica, puesto que no es difícil entender cuán negativo puede ser para la mente humana, mantener un encierro rígido a grupos de personas que pudieran no estarlo.


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