Entre la vida y el trabajo: Dilema en tiempos de cuarentena

*Por Armando Álvarez Lugo / @rusodosky

En  medio de la Pandemia más  letal de los últimos cien años como es el Covid-19,  que ha  trastocado el funcionamiento de la economía global, generando una crisis sanitaria y económica de impacto devastador sobre buena parte de los países del planeta, causando, hasta el presente, más de dos millones quinientos mil (2.500.000) contagiados y alrededor de setecientos mil (700.000) fallecidos, aparece casi en términos dilemáticos el problema de la  escogencia entre la vida y el trabajo.

La respuesta de los estados fue decretar el aislamiento social y paralización de las actividades no esenciales,, a pesar de la resistencia, de  las organizaciones patronales e incluso de algunos Jefes de Estado de países como EEUU, Reino Unido, Francia, Brasil, Chile, Ecuador, Colombia, para citar sólo algunos, de aceptar la medida más eficaz recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y  de Científicos de China  como es el confinamiento de la población en sus hogares.

Estas medidas biopolíticas no sólo apelan al sentido de  responsabilidad personal de cada ciudadano y ciudadana sino que está acompañada de mecanismos disciplinarios que suponen severas sanciones a los infractores del aislamiento social y colectivo. No obstante, las élites políticas y empresariales, presionan para que se levanten las restricciones de movilización,  exigiendo que los lapsos de confinamiento no se extiendan por mucho tiempo, independientemente de que se tenga controlada o no la pandemia, porque  las unidades empresariales no pueden asumir el costo de los salarios.

La economía no se puede parar, hay que seguir produciendo y trabajando independientemente que esto signifique un riesgo para la vida. Esta conducta de estos dirigentes, además de poco éticas deja al descubierto el poco valor que tiene para el capital la vida de los trabajadores y trabajadoras.

En consecuencia, o  asume el riesgo de contagiarse  o pierde el empleo y con ello  se vería afectado la precaria existencia de millones de  trabajadores en el mundo. Mano de obra, en su gran mayoría  con contratos parciales y precarios, con bajos salarios, con escasa seguridad social, y que han sufrido en el caso de Europa y algunos países de América  Latina, la implementación de la políticas neoliberales sustentado en la privatización de los servicios fundamentales como educación, sanidad, transporte, entre otros, Con escasa o nula protección social.

No es casual el impacto devastador de la pandemia en estados como España, Italia, Francia y Reino Unido, Alemania, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador o Perú, conocidos por la aplicación de los ajustes estructurales y de austeridad impulsados por el F.M.I, y ni hablar de EEUU, convertido en el centro mundial de la pandemia. Estas políticas de recortes de derechos han tenido el rechazo de organizaciones sindicales y sociales, que interpelan y denuncian la crisis sistémica que experimentan esas sociedades Por otra parte, es importante señalar que la crisis  sistémica del capitalismo global  es previa a la aparición de la pandemia y el covid 19, puede verse  como un detonante que colocó en evidencia las falencias del sistema, sus límites, profundizando las contradicciones y las desigualdades sociales  y laborales que se acentúan como producto de la recesión económica global. 

Es necesario significar que sistema global del capitalismo prepandemia  presentaba contradicciones importantes exacerbada en los últimos años por la confrontación en el ámbito tecnológico y comercial entre china, EEUU y Rusia, además de otros indicadores del agotamiento del modelo de acumulación, entre los cuales podemos mencionar, el  deterioro de las condiciones de trabajo en sectores importantes de la actividad productiva, disminución del volumen del empleo, precarización del trabajo, y por consiguiente la disminución del salario real y deterioro de las condiciones de reproducción de la fuerza laboral, incrementándose el empleo informal y subcontrataciones.

Estos son síntomas importantes del agotamiento del régimen de acumulación predominante en el sistema capitalista, y que la Pandemia Covid19 hizo implosionar, con la parálisis  global, como consecuencia del confinamiento, lo cual implicó que alrededor de 2.600 millones de trabajadores y trabajadoras han suspendido sus actividades laborales de manera directa, o  están trabajando de manera parcial, a través del teletrabajo, además del personal esencial para mantener el funcionamiento del estado y/o vinculado al personal sanitario.

Ésta situación ha propiciado el inicio del ciclo depresivo de la economía global, con sus consecuencias, como son, el estancamiento de la producción, contracción de la economía, polarización de la pobreza y riqueza en los niveles locales, regionales e internacionales, relocalización de los aparatos productivos y la gran volatilidad de los circuitos monetarios y financieros.  

De allí que la Organización Internacional del trabajo (O.I.T) estima que en los próximos tres meses se puedan perder entre  30  y 195 millones de empleos y como siempre la población vulnerable son las mujeres, jóvenes, trabajadores de más edad e inmigrantes y la pérdida de los ingresos laborales podrían oscilar entre 860 millones y 3,4 billones de dólares. Y  en caso de América latina,  el informe previo de la Cepal sobre el impacto de la Pandemia Covid19, estima una contracción económica en la región de -5,3% del PIB. Este panorama poco optimista para la clase trabajadora genera más incertidumbre, Es insólito que en pleno siglo XXI, parece que escoger entre la vida y el trabajo constituya un dilema existencial de nuestro tiempo desnudando la lógica depredadora del sistema.

 

*Dr. Antropología Social Universidad de Barcelona. Sociólogo UCV. Docente Doctorado de Ciencias Sociales UC. Prof. Titular U.C


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