La transición política venezolana: De la fe a la frustración, según Ezio Serrano Páez

Por Ezio Serrano Páez
  Durante  los pocos días que duró  “el hechizo  Guaidó”,  un periodista  atinó a preguntarle: ¿cómo afrontaría la  “inminente etapa de transición”  que  nos toca las puertas con acuciante insistencia?  La respuesta  del  personaje, para su propia suerte,  pasó casi desapercibida: hemos pensado en un proceso  semejante al chileno, respondió  con la candidez natural  de  un Forrest Gump.  Desdichadamente no se puede pedir más en un país acostumbrado a  tender la cama  de sus propios fracasos..  La respuesta  emitida en aquél momento, sin embargo y en descargo de Guaidó, nos  da la pista  para comprender  la racionalidad interna de anteriores y posteriores fracasos  bajo el signo de nuestra época:  el  desdén  por el conocimiento  de nuestro proceso  histórico, y la incomprensión de las ataduras de una sociedad  rentista.
Juan Guaidó
1.-   ¿Transición a  la chilena  en Venezuela?
Basta una revisión general para entender el abismo que separa el proceso chileno del venezolano. Veamos: ¿Existe en Venezuela una fuerza armada no colonizada, ni deshilachada por potencias extranjeras, con unidad de mando y resquicios de institucionalidad? ¿Existe en Venezuela una sociedad organizada en partidos, fortalecidos tras superar las duras pruebas de la clandestinidad, con vocación de poder, dispuestos a formar causa común?  Pero sobre todo, ¿Existe en Venezuela un liderazgo prestigiado por su papel en la lucha contra la dictadura, sin máculas de cohabitación que lo asocien con la colocación del bien común subordinado al interés particular?  También pudiéramos preguntarnos  por el papel de la  extrema izquierda. En el caso chileno, aquella estaba  reducida a  la aplicación de atentados terroristas causantes del repudio general. Los  extremistas  a la derecha, se ufanaban del orden y seriedad impuestos.  En Venezuela, los extremistas son el poder y el caos es  su logro más  evidente.
2.- Una sociedad atomizada
 Para empujar  una transición política hacia la democracia,  se requiere de un liderazgo  con respaldo y movilización de gruesos sectores de la población. El liderazgo opositor  está tan disociado de la realidad  que  cree poder movilizar a los sectores populares  invocando la  anunciación de tiempos mejores, que vendrán  como  consecuencia de un arrebato de fe y voluntad. Entre tanto el contexto nos marca con  hambre, o en el mejor de los casos, la gente  lucha para medio comer. He allí otra gran diferencia con respecto al Chile que se desprende de Pinochet. La sociedad chilena  de la transición, ya ha retomado el camino del crecimiento económico, no es el país de sobrevivientes  que escarban en la basura  para comer. Sin liderazgo, y sin poder conectar  los imperativos políticos con las necesidades básicas de una población marcada por el reparto clientelar,   la Venezuela  de estos tiempos  no es más que un naufragio. Un país en el cual la ley del  “sálvese  quien pueda”  lleva varios años  con vigencia plena.  Pero es  el escenario conveniente  para  que la dictadura atornille su dominio político: el pez muere por la boca. No por casualidad  a las cajas Clap se les ha  pretendido convertir  en el seguro de vida  para un poder que se nutre de  la miseria,  y  son  el vellocino de oro  para los sectores más vulnerables y manipulables de la población.  Con una sociedad atomizada,  que culpa a los médicos  al no hallar atención en el hospital,  que soporta apagones  y aplaude la llegada de la  luz, luego se regodea por la baratura del recibo a pagar, que culpa al panadero  por la falta de pan, o se lía a puñetazos compitiendo por un puesto en el tren. Que aún espera  el aumento de un tanto por ciento en los sueldos para combatir la híper inflación. En fin, con una población que aspira burlar la crisis con la remesa del mes,  no es  mucha la fuerza popular  a la mano   para presionar en una negociación por la democracia.  Sin duda,  el caso venezolano  presenta  un cuadro esencialmente distinto al  proceso  chileno.
3.- El liderazgo  heredado del rentismo petrolero.
 Probablemente  la mayor dificultad para una transición democrática  en Venezuela se derive de su  liderazgo. No contamos en nuestro país, a diferencia de  Chile, con partidos y organizaciones sociales fraguados  con independencia del poder. La sociedad venezolana hasta hoy  sigue siendo una sociedad rentista. A pesar del colapso  material del modelo petrolero,  la profundidad de su influencia operando por décadas, sigue presente en un contexto radicalmente distinto  al ya conocido por generaciones anteriores. ¿Qué implicaciones tiene este aspecto? Es una tara de la abundancia: primero se llega al poder (o se adquiere una cuota), luego  nos hacemos líderes.  Esto permite afirmar la condición descendente (desde el Estado hacia  la base social) de todo el proceso de formación político institucional  que dio “personalidad” a nuestro país. La precariedad de las organizaciones sociales es una de las consecuencias más visibles de aquella condición descendente. Con raras excepciones, en el mundo sindical y gremial, sectores  estudiantiles y partidos políticos, nuestra realidad no se corresponde con poderosos actores sociales  independientes del Estado. Es al revés, desde aquél  se estimulan las condiciones para el surgimiento de las diversas formas de organización, básicamente  de los partidos políticos.
Acorde con el personalismo, nuestro proceso histórico  prohijó la figura del “portaviones”, el  modo más rápido de hacerse líder tutelado por  otro líder, el de arriba. De esta  manera, el portaviones se convierte en carroza de carnaval. Allí  está  el rey  o la reina, igual da, en lugar de repartir caramelos, reparte  liderazgo  por toda la geografía nacional.  Es este el origen,  no sólo del  liderazgo chavista, también del  opositor mas reciente.  La sobrevivencia de estas  formas de organización social y política depende de las ataduras  impuestas  por la distribución de renta.  Fenómenos como la estampida de unos Diputados recién electos, decididos  a convertirse en Gobernadores, se explican por esta  razón: no hay pago de nómina en la A.N.   En algún momento la  sociedad venezolana debería tomarse muy en serio  el tema del  financiamiento de los partidos, si acaso se desea  procurar bloquear una de las vías más expeditas hacia la corrupción.
4.-  Chavismo:   ¿enchufado o des-enchufado?
  El producto más  acabado del rentismo político  venezolano  ha sido  el Estado-Partido o el  Estado-Pesuv, una estructura  fascistoide  para  administrar  el  poder.  De arriba abajo,  desde el Estado hacia el control social, se fue configurando  una casta burocrática,  un empresariado,  gremios  y sindicatos,  consejos comunales, y  una poderosa maquinaria  utilizada inicialmente con fines electorales y de control social.  En la medida en que avanzó la crisis y  la distribución de renta  fue cerrando el círculo,  el Estado-Partido  fue expulsando de sí,  los sujetos  que mostraron inconformidad o  se atrevieron a disentir. Pero en sentido estricto,  la  estructura fascista  no llegó a quebrarse.  Las distintas  individualidades  desprendidas no han llegado  a crear  estructuras partidistas o formas de organización independientes  con fuerza apreciable.  Sin embargo, a partir de estas personas  desprendidas del  aparataje  burocrático, se ha configurado el llamado chavismo disidente, arrepentido,  o  chavismo  democrático.  En sentido estricto, no puede hablarse de liderazgo  de nada.  Piénsese en un Diosdado Cabello sin una gota de poder,  ¿Qué quedaría de él?  Piénsese   en Luisa Ortega Díaz  de parrillera en motocicleta. Procura escapar de una celada  montada por sus viejos aduladores.  Podemos pensar  en la tremenda soledad de Giordani, de  Miguel Rodríguez Torres ,  vejado y torturado por sus viejos camaradas.  Pensemos en  Héctor Navarro, solitario y silenciado hasta la impotencia  ¿A quiénes  lideran? ¿A quién representa  Luis Acosta Carles ( o  el general eructo), convertido ahora en sufrido empresario? ¿Cuál puede ser el aporte de estas personas en términos de movilización de masas? ¿Honrados?  Seguramente los habrá.  Pero  una transición política democrática  no es concurso de honradez.  A nuestro juicio no existe el tal  Liderazgo Chavista, sólo existe el chavismo  enchufado o desenchufado. Aparte de Cabello, los acá  mencionados  pertenecen al segundo tipo..
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5.- La  Transición  Política  Venezolana, de la fe a la frustración
La  Concertación Chilena  contó  con varios partidos centristas cuyo peso específico  se hacía sentir  con militancia y liderazgo.. No fue paracaidismo  partidista, surgieron, (no cayeron) de abajo hacia arriba, sin tutelaje estatal. En el caso de una posible concertación a la venezolana,  se parte de un mito, de una leyenda urbana: la supuesta existencia de un tal  liderazgo chavista  democrático. Aún salvando la tremenda diferencia de origen, real y natural, ganado a pulso, acá no  se ha producido desprendimientos del Estado-Pesuv, con la densidad  suficiente como para formar partidos fuertes e independientes del Estado. Ergo, si se va a negociar una salida política a nuestra crisis, se hará  con la burocracia chavista, sobre todo la militar, que  controla el Estado-Partido.  Sería  demasiado ingenuo pensar  que una  solución  tal,  cambiará los vicios y mañas  que  carcomen el Estado hasta sus entrañas.  Las   estructuras de éste se  preservarán,  se mantendrán  casi intactos los resortes del poder. ¿Razones para celebrar?  Claro que si.  Los venezolanos  no esperan  grandes cosas  para iniciar una celebración. En nuestra circunstancia hasta un cambio chucuto justifica una fiesta.  Las señales  emitidas por la realidad  pueden ser  fácilmente burladas con dosis elevadas de fe.  Lástima  nuestra  gran capacidad de olvido, justamente  lo que nos impide recordar  a la fe como el combustible natural de la frustración. Y ya será tarde para cuando  nos  percatemos  de la proximidad de  nuestro proceso político con el caso argentino, y  ni de lejos con el chileno.


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