Entrevistas / David Bowman: «Moby Dick es el colmo de la honradez»

Cuando se cumplen cinco años de su debut en la ficción («Juana la maliciosa», Ediciones del Serbal), Bowman vuelve a las librerías de la mano de Editorial Dieci6.

Si en su día siguieron el blog del autor (ahora pueden disfrutarle en Zenda con sus Circunvoluciones) reconocerán el territorio (París), el personaje (el propio Bowman, un personaje ambiguo y pirandelliano) y la historia (la búsqueda de uno mismo, la perenne reflexión sobre la existencia) en Libre, una novela que interpela continuamente al lector.

«Libre» es la vida sin ambages atrapada en el relato. «Libre» narra el despertar de un joven a la vida adulta. «Libre» es la apertura de España al progreso de la Europa occidental. «Libre» es una novela de descubrimiento, es la historia de la emigración y aventura de un joven Bowman en el París de la contracultura de los años 70.

Con la revolución del 68 aún ardiente en la memoria, el autor —para quien la escritura es una forma de resistencia— dibuja un París efervescente y multicultural, un París que es obrero e intelectual al tiempo, una ciudad que podría ser, incluso, un estado de ánimo.

El autor se encuentra con Zenda en el Bistrò del Instituto Francés de Madrid. Conversamos con Bowman sobre la Ciudad de la Luz, la creación de los personajes, su evolución como escritor y el estado del periodismo en nuestro país. Acompáñennos en este viaje a las entrañas de «Libre».

Comenzamos.

—¿Por qué «Libre»?

—Porque es como libro pero con e. (Risas)

—¿Cree usted que se puede ser realmente libre o que nuestra libertad solo es una ilusión?

—Je ne sais pas. (Risas) Esto parece un interrogatorio de la policía. Realmente no sé.

—¿Quién es Bowman?

—Bowman es un profesor escocés. Se cuenta en la solapilla del libro. Y, como se cuenta en el libro, es binacional: es escocés, es español y es británico y es europeo. Y él realmente sentirse —como se dice ahora— ¡no se siente nada! Se siente él, se siente español, se siente británico, se siente extraño, se siente feliz.

—¿De dónde sale el personaje?

—¿Cómo que de dónde sale? Sale de ahí. ¡Es un personaje!

—¿Cómo surgió la historia de «Libre»?

—¿Cómo surgió? Le pasó al profesor Bowman cuando era joven. No salió de ningún sitio, es una cosa que le pasó a él.

—Cuéntenos el proceso de construcción de esta novela

—La construí a patadas, a martillazos… como pude. ¡Yo qué sé! Como se construyen todos los relatos: a hostia limpia. (Risas).

—¿Es usted un escritor brújula o un escritor mapa?

“Me pregunto si soy escritor. Yo soy uno que pasaba por allí, que escribe libros, o que ha escrito dos”

—(Risas) Me pregunto si soy escritor. Yo soy uno que pasaba por allí, que escribe libros, o que ha escrito dos, o que ha escrito unas cosas y unos locos por ahí han dicho: “¡coño! Esto vale la pena publicarlo.” No sé muy bien por qué, pero vaya.

¿Qué es un escritor brújula y un escritor mapa?

—Un escritor brújula se sienta a escribir sin saber muy bien por dónde va a transcurrir la novela, un escritor mapa lo tiene todo mucho más planificado (estructura, acciones de los personajes, escenas…)

—Yo, como he sido “boy scout” y he ido con brújula y con mapa a todas partes, soy un poco brújula y soy un poco mapa. (Risas) No sé cómo decirte.

Me gusta hacerme una escaleta. A lo mejor me pongo a escribir un poco a lo loco a partir de una intuición y una documentación, pero me impongo la obligación de pararme, en un momento concreto, y hacer una escaleta, hacerme una guía. Luego al final las cosas van por dónde van, pero bueno.

“París se está convirtiendo en un zoológico, en una residencia de ricos, en un parque temático”

—¿Cómo es el París que visita Bowman en su juventud y cómo es el París de hoy día?

—Buff. ¿Cómo era Europa a final de los años 60 y principio de los 70 y cómo es Europa hoy? De cualquier manera tengo la impresión (y hace años que no voy por París) de que París siempre será París. París es una ciudad cosmopolita, es una ciudad que está echando del centro a la gente. Esa famosa “gentrificación” (¡espantosa palabra!)…París se está convirtiendo en un zoológico, en una residencia de ricos, en un parque temático se ha convertido ya. Como el centro de todas las ciudades, como lo es Londres. En Londres he estado recientemente, en los últimos dos años, y me he quedado horrorizado. ¡Yo creía que el centro de Madrid estaba lleno de turistas! Pero aquello es… ¡Jesús! El otro día estuve en el Museo del Prado y también me quedé espantado, absolutamente espantado. Yo he visitado el Museo del Prado yo solo. Te estoy hablando de hace 40 años cuando al Museo íbamos tres gilipollas. Es que ibas al Museo del Prado porque realmente te interesaba, porque querías ver, querías aprender y querías entender…que es el gran tema de «Libre», por cierto: aprender, entender, salir de ti mismo, conquistar horizontes. Pero hoy día toda esa especie de conocimiento que entonces implicaba un riesgo, hace 40 años implicaba ponerte en cuestión, cuestionarte a ti mismo… hoy día nadie se cuestiona a sí mismo. Está todo el mundo completamente seguro de sí. Todo lo contrario. Hoy día vuelven los sentimientos: “Yo me siento catalán”, “Yo me siento español”, “Yo soy…”. Parece mentira que en los últimos 30 años hayamos vivido y crecido dentro de la Comunidad Económica Europea, es decir, en un mundo sin frontera. Tengo la impresión. No sé si estoy diciendo muchas tonterías.

—La obra está salpicada de numerosas alusiones a intelectuales de la época. ¿Qué papel tuvieron en la formación del protagonista?

—En la formación sentimental total. Eran entonces referencias que querías entender y comprender. Son referencias, son jalones que en su momento, cuando tienes 20 años tienes idealizados, cuando tienes 60 lo relativizas, te da un poco de risa.

—Pero en su momento todas esas referencias son interesantes porque no dejan de ser metas, Ítacas como se dice ahora. Son sitios a los que ir, son sitios personales, metas personales.

—¿Cree que ha llegado ya a Ítaca?

—A lo que he llegado es a la vejez absoluta, al desastre, al hundimiento del Imperio romano. (Risas). Es una manera de decirlo, lo de Ítaca, Raquel, y no me trates de usted, ¡hostia!

—¿Dónde encuentra la épica el sr. Bowman?

—Pero, ¿esto se lo preguntas a todo el mundo? ¡Jesús! ¡Cojones! Es que me haces unas preguntas…

¿Dónde encuentro la épica? En ningún sitio. ¿Qué es la épica? Yo qué sé. La épica es el Cantar del Cid.

—La novela «Libre» es la excusa para contar…

“¿Qué es lo que tiene la libertad? La responsabilidad. La libertad es muy jodida”

—En la promoción de Libre se han centrado mucho en el mito de París. Poner París es ya un acontecimiento. Hay tal cantidad de libros… ahora mismo, cuando venía aquí, en la librería de ahí fuera había uno que recurría en la portada, otra vez, al mito de París. Era el aliciente que te ofrecían para comprar el libro. En realidad, ¿qué pasa? Al final de los años 60 y los primeros 70 (eso es algo que hoy cuesta mucho entender), España era algo así como Albania. España era… Ahora nos acaban de poner en la Unión Europea, uno de los altos cargos es un español, de Lérida, el Borrell. Eso, en aquel entonces, no es que fuera inimaginable o impensable, es que era como pensar que pudieran aterrizar los marcianos en la Puerta del Sol. ¡Está fuera de cualquier alcance! No te lo podías ni imaginar. Esto estaba cerrado a cal y canto, había una censura feroz, y estaba el país realmente encerrado mirándose el ombligo. Tenías 15, 16, 17 años y una cierta inquietud y ¡claro!, se te venía encima. Había revistas, leías revistas, tenías compañeros que tenían hermanos mayores que salían y te contaban cosas. Y tú decías: “Yo quiero salir y verlo. Quiero salir y ver el mundo. ¡Un mundo en el que la gente vota!”. Eso era tan exótico como tener un elefante en el jardín. No sé cómo decirte. Por ahí fuera puedes leer lo que quieras, no pasa nada. Te vas a una librería y tienes «Mi lucha» de Hitler, «El capital» de Marx… ¡todo está allí! Coges y eliges lo que quieres. Eso era impensable. Esto era un país en el que necesitabas, para hacer cualquier cosa, el permiso del cura. Yo he ido al cuartel de la Guardia Civil a pedir permiso, a pedir un certificado de buena conducta al sargento de la Guardia Civil. ¿Qué quiere decir un “certificado de buena conducta”? Que entras y sales a tus horas de casa, que no te emborrachas, que no montas lío, que no eres problemático, que eres un chico de orden, que eres una persona como Dios manda, que no das problemas… Problemas, ¿de qué tipo? Que no te emborrachas… No sé, que no insultas al cura. Entonces no te podías mover, estabas deseando salir y oler, ver fuera, ver qué es lo que pasa, que realmente no pasa nada. ¿Qué es lo que pasa? Que la gente protestaba contra la Guerra de Vietnam, y aquí no se sabía, aquí era una cosa muy lejana. No había internet. Es un mundo inconcebible. Es que hoy día pensar en aquello… ¡no existía internet! Llegabas al vestíbulo de La Sorbona y estaba el mundo entero allí. Podías elegir entre una conferencia de Sartre y una proyección de no sé qué película, absolutamente prohibida, hasta un concierto de melotrón de John Cage. Se mezclaba todo: genialidades y cosas de verdadero interés con cosas verdaderamente inocuas y nulas que pasaban por genialidades, que es lo que tiene la libertad. ¿Qué es lo que tiene la libertad? La responsabilidad. La libertad es muy jodida. La libertad es muy jodida porque tienes que elegir. En un mundo en el que no tienes que elegir, no eres responsable. Esto es lo que hay, pues esto es lo que hay. Ni te lo planteas.

Eso es lo que he querido contar en «Libre».

  • ZENDA


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