El País Meta

 Por Fibonacci

El presente de Venezuela es el peor de su historia republicana, indudablemente. La estanflación se intensifica, pues llevamos desde 2014 con crisis económica (en los últimos cinco años, la economía ha perdido más de la mitad de su tamaño), desde fines de 2017 en hiperinflación, y para este año se proyecta una contracción de 25 % de la economía, y  10.000.000 % de inflación.

Además, de acuerdo a la última encuesta ENCOVI, la pobreza alcanza el 87 %, medido por el método de línea de pobreza, lo que significa que está presente en casi toda la población, de allí que veamos el empeoramiento de la alimentación y estado de salud de la población, en conjunto con la emigración masiva, que en los últimos años ha sido, mayormente, de sectores de la población con pocos recursos. Todo este panorama, refleja que la rapidez en la destrucción de valor en Venezuela no tiene precedentes en la historia mundial reciente.

 

Este estado de cosas hace necesario preguntarse, el camino que uno cree debería tomar el país para entrar en una senda de prosperidad y desarrollo, donde el papel del gobierno y sector privado en la economía es crucial en esto. Aquí se parte de la creencia de que el sector privado es el motor del sistema económico. Las sociedades avanzan, cuando los individuos tienen la capacidad de hacer realidad ideas que les permitan mejorar las condiciones materiales de vida propias y de su entorno, cuando pueden generar riqueza económica y apropiarse de ella, y cuando tienen instituciones lo suficientemente fuertes como para proteger los derechos de propiedad e incentivar la generación de mercados competitivos. Por su parte, los gobiernos deben estabilizar las fluctuaciones macroeconómicas, abordar los fallos de mercado, y también otorgar las herramientas que permitan a los individuos el desarrollo pleno de sus potencialidades y la consecución de sus objetivos de vida.

Los países crecen y progresan debido a elementos como la innovación, la cualificación de su población, y la fortaleza de sus instituciones. Las sociedades más prósperas permiten el libre desempeño de sus economías, sacan el mayor provecho de las capacidades de sus individuos, y permiten que la mayor cantidad posible de estos participen en el proceso de creación y apropiación de riqueza.

 

Debemos tener un país que otorgue reglas claras, oportunidades e incentivos suficientes como para que los individuos puedan invertir en su país y ser competitivos en mercados internacionales; para que con el tiempo, emerjan nuevas generaciones de individuos dispuestos a arriesgarse, pensar diferente, romper paradigmas y tener la innovación como bandera. De modo tal, que crear oportunidades permitirá que nacionales permitan aventurarse en ideas nuevas, y los incentivos harán que esto sea viable y sostenible.

La sociedad que requerimos debe estar fundamentada en incentivos e instituciones que permitan a sus ciudadanos tener la libertad y mismas oportunidades de mejorar su nivel de vida mediante el esfuerzo y la creatividad. Es el trabajo que tiene el país del futuro.


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