Avalancha sin límites: Casi 5 millones de venezolanos repartidos en 90 países huyendo del madurismo

  • Así lo estimó el sociólogo Tomás Páez en una entrevista que le hizo El Mundo de España, en la que agregó que no se trata de una crisis migratoria, sino que “la crisis es del país”, que empuja a millones de venezolanos a buscar en otras latitudes cómo resolver sus vidas ante la imposibilidad de hacerlo en el suelo que los vio nacer

“Dejar a sus hijos es el dolor más grande que pueda tener una madre y más en la situación que tiene el país”. Yasunary Bolaño, de 32 años, prepara sus maletas para viajar a Argentina. Las lleva repletas de esperanza, pero pesan más de lo normal: la tragedia venezolana conlleva una sobrecarga emocional extra para todos sus emigrantes.

La joven forma parte de la nueva ola migratoria que sólo está a la espera de que el curso escolar acabe, como tantos miles. Al menos el 30% de los venezolanos sopesan hoy la posibilidad de abandonar su país cuando ya Naciones Unidas ha confirmado que la diáspora avanza “a ritmo de avalancha”, tal y como resume Tomás Páez, sociólogo venezolano, profundo conocedor del éxodo que vive su país.

La última barrera estadística derribada es la de cuatro millones de inmigrantes y refugiados, según los datos hechos públicos por la Agencia para Refugiados (Acnur) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Una cifra ya superada, según expertos locales e investigadores como Páez, coordinador del Observatorio de la Diáspora Venezolana (ODV), que antes de la última oleada de marzo ya elevaba su listón hasta 4.700.000 repartidos en 90 países. “En España ya calculamos que son 340.000”, asegura Páez a EL MUNDO.

La hermana de Yasunary Bolaño la espera en la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, con trabajo incluido. La caraqueña se convertirá en la encargada de un restaurante con la intención de ayudar a sus tres hijos, que deja en Caracas al cuidado de su padre, de origen catalán, y de la abuela. Uno de ellos sufre trombositosis reactiva, una compleja enfermedad de la sangre que obliga a su familia a constantes malabarismos para conseguir medicinas y reactivos para los análisis.

El pediatra familiar les ha aconsejado llevar a los niños al psicólogo antes de que se produzca el viaje, que se realizará por tierra hasta Brasil y desde allí en avión hasta Argentina. Al menos se trata de un itinerario más cómodo del habitual a través de la frontera con Colombia, cuyos pasos principales se reabrieron ayer tras la orden dada por Nicolás Maduro.

Todo una sorpresa nocturna que ha puesto fin al castigo impuesto por el hijo de Chávez hace 107 días, cuando la frontera fue el escenario de la violenta represión para evitar el paso de los convoyes de ayuda humanitaria demandados por el presidente encargado, Juan Guaidó, y sus aliados internacionales. “En ejercicio pleno de nuestra soberanía, he ordenado la apertura de los pasos fronterizos con Colombia en el estado Táchira. Somos un pueblo de paz, que defiende firmemente nuestra independencia y autodeterminación”, aseguró Nicolás Maduro.

Según las últimas estadísticas de la ONU, el continente acoge a la gran mayoría de los fugados, comenzando por la vecina Colombia (1.300.000), que no sólo es ruta obligada de paso para la mayoría de los que emigran, sino también el principal territorio de acogida y el escenario de la emigración pendular, aquella que entra y sale todos los días en busca de alimentos y medicinas. Perú (786.000), Chile (288.000), Ecuador (263.000), Brasil (168.000), Argentina (130.000) y Panamá (94.400) son los otros países de acogida en la región.

No es una crisis migratoria, la crisis es del país”, subraya Páez. “Eso es lo que hay que resolver”, concluye Tomás Páez.

Los investigadores comprobaron que desde enero, tras plantear Guaidó y el Parlamento democrático su desafío a Nicolás Maduro, la esperanza generada contuvo la avalancha. Pero en marzo, el colapso eléctrico y de servicios puso las cosas en su sitio: medio millón de personas se han unido desde entonces a la diáspora.

“Me da miedo que por la crisis empeoren aún más las cosas, pero mantengo la esperanza en el cambio. Lo primero que debe pasar para que Venezuela reviva es que salga el actual Gobierno”, sentencia Bolaño.

 

-vía El Mundo (España)


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