Trump pide a Reino Unido que desafíe a la Unión Europea

  • El mandatario defendió un Brexit sin acuerdo y que Londres no pague a Bruselas la factura de la salida que asciende a 40 mil millones de euros

Antes incluso de que el Air Force One tocara ayer tierra en el aeropuerto de Stansted a las 08.56, hora británica, Donald Trump ya había roto todos los convencionalismos diplomáticos, provocando polémica al llamar al alcalde de Londres «perdedor» y «antipático» en un mensaje publicado en Twitter desde el avión presidencial. Desde ese momento, la visita de estado del presidente de Estados Unidos a la Reina de Inglaterra sólo podía ir a mejor, de tan bajas como eran las expectativas tanto de los anfitriones como del huésped de honor.

El presidente y la primera dama se ajustaron exquisitamente al protocolo en todos los momentos en que estuvieron con la Reina y su familia. Fue entre bambalinas, cuando Trump se quedó a solas con su teléfono o departió con periodistas, cuando arreció la tormenta política. En el inicio de su visita, el presidente proclamó que su candidato ideal para primer ministro de Reino Unido es su amigo Boris Johnson y expresó su clara preferencia no sólo por el Brexit, sino por el Brexit duro, sin contemplaciones y sin pago de multas a la Unión Europea.

Ajeno a las protestas

Las protestas en Londres fueron todo lo masivas que se esperaba, pero Trump no las vio. Según dijo la Casa Blanca en un correo de seguimiento de la visita, el presidente se mantuvo completamente ajeno a las manifestaciones en su contra y se movió por Londres con el helicóptero que usa para sus desplazamientos por Washington, el Marine One. Al final fue mejor, como previó la corona británica, ahorrarse el paseo en calesa por la avenida que une la plaza de Trafalgar con el palacio de Buckingham y dejar que Trump se hospedara en la gigantesca residencia del embajador norteamericano en Regent’s Park, más cómoda y recluida.

Trump tenía desde luego motivos para sentirse agraviado. Fue invitado por la Reina una semana después de llegar a la Casa Blanca y desde entonces ha padecido largas demoras por el boicoteo del alcalde de Londres, Sadiq Khan; el opositor laborista Jeremy Corbyn, y el portavoz de la Cámara de los Comunes, el conservador John Bercow, entre otros. El parlamento llegó a debatir si debería ser declarado «persona non grata» y su visita se ha visto privada de algunos privilegios de los que sí gozaron sus dos predecesores en el cargo —como un discurso al parlamento en pleno— y eso a Trump parece haberle molestado especialmente.

Finalmente, el presidente ha llegado a Londres en un momento crítico para Reino Unido. La primera ministra Theresa May se apea del cargo el viernes, incapaz de negociar una salida al laberinto del Brexit. Quien la suceda será responsable de completar la salida definitiva de Reino Unido de la UE, que en teoría deberá producirse el 31 de octubre. Acostumbrada a los exabruptos de Trump y molesta por que este haya apoyado a su rival dentro del partido conservador, Boris Johnson, May no fue a recibir al mandatario al aeropuerto y ha rehusado verse a solas con el presidente y se limitará a recibirle hoy con otros ministros para una breve reunión de trabajo sobre asuntos bilaterales.

Tampoco ha escondido Trump su afinidad con los responsables de la campaña para salir de la UE. En una entrevista con el diario «The Sun», el presidente norteamericano dijo que Nigel Farage, líder del partido eurófobo Ukip, sería idóneo para negociar con Bruselas la salida de la unión, aunque, de todos modos no habría nada que negociar porque esta debería completarse de forma unilateral y cuanto antes.

Esta visita, mucho más polémica que la de George W. Bush durante los primeros meses de la controvertida guerra de Irak, está poniendo a prueba la fortaleza de la relación trasatlántica y sus instituciones.

Lección de historia

Por si acaso, la Reina reservó una parte de la visita al palacio de Buckingham a enseñarle a Trump una serie de objetos dispuestos de forma estratégica para que destacaran sobre los demás: un antiguo mapa de Nueva York; un retrato del primer presidente estadounidense, George Washington, y, sobre todo, una copia de la Declaración de Independencia con la que la joven nación norteamericana se escindió de Reino Unido cuando lo gobernaba Jorge III. Fue toda una lección de historia y cintura por parte de una Reina que a sus 93 años ha visto pasar ya a 13 presidentes.

 

ABC


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