Liberación de precios y caída del consumo mantienen anaqueles llenos y neveras vacías

El precio de la harina de maíz precocida sorprendió a todos los venezolanos hace pocos días, pero no tanto como la presencia de anaqueles llenos del producto por doquier.

Desde hace pocos meses, durante la agudización de la coyuntura política, poco a poco aparecieron productos regulados desde 2003 y que habían permanecido casi ocultos, como la leche, el arroz y la harina, pero con costos que ningún salario mínimo puede cubrir y lo que genera una caída enorme en el consumo y consecuencias nutricionales graves.

Esto significa una liberación no declarada de los precios, que también se están viendo reflejados en los servicios públicos, según se quejan los usuarios en las redes sociales, y que no ha sido anunciada por la administración de Nicolás Maduro. Es decir: aumentos sin explicación, lo que reflejaría una de las razones del por qué el Banco Central de Venezuela (BCV) habría publicado las cifras de la inflación (hiperinflación), cosa que no hacía desde hace unos tres años.

María Carolina Uzcátegui, expresidente de Consecomercio, señaló  más del 40 % de los establecimientos comerciales habría cerrado en los últimos cinco años; a esto se suman cifras alarmantes como un desplome del consumo de pollo en 48% entre 2012 y 2017, 68 % de pescado y 77 por ciento de leche.

En el caso de Fedeagro, el organismo anunció que la ingesta anual descendió 80%. Es decir: los 23 kilos de carne de res que consumía promedio un venezolano en 2012, llegó a solo 4 kilos en 2018.

A esto se añaden los medicamentos, que si bien muchos ya pueden conseguirse, los costos son realmente exorbitantes para el bolsillo de un trabajador. Se estima que el consumo de medicinas bajo de 22 a 1,5 unidades el año pasado, lo que, obviamente, se traduce en mayor cantidad de personas con padecimientos no tratados y por lo tanto, un índice de mortalidad en alza.

Con información de Analítica.com


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