¿Por qué el Gobierno no mete preso a Guaidó?

Mucha historia se ha escrito desde que Juan Guaidó asumió funciones como presidente encargado de Venezuela el pasado 23 de enero.

De allí en adelante, el joven líder político se ha convertido en una piedra en el zapato de Nicolás Maduro. Se plantó en las calles de Caracas para exigir el cese a la usurpación, salió y entró del país pese a que lo tenía prohibido y finalmente liberó a Leopoldo López de su encarcelamiento.

Pese a todos estos hechos muchos se preguntan por qué Maduro no mete preso a Guaidó.

En un trabajo publicado en Al Navío se revelan los cinco factores que han impedido que Juan Guaidó esté en una cárcel.

Acá las razones de por qué Maduro no mete preso a Guaidó

1-El respaldo internacional a Guaidó

Este es uno de los factores que frena cualquier acción en su contra. Varios países, comenzando por Estados Unidos, han exigido que se garantice su libertad y seguridad. “El mundo está mirando”, llegó a decir Jeremy Hunt, ministro de Exteriores del Reino Unido.

El temor ha sido tal que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) otorgó medidas cautelares de protección a favor de Guaidó.

La semana pasada el Grupo de Lima exigió “el pleno respeto a la vida, la integridad y la libertad de todos los venezolanos, del Presidente Encargado Juan Guaidó y de los líderes de las fuerzas políticas democráticas”, incluyendo a todos los miembros de la Asamblea Nacional.

2-La tensión social

Más allá del respaldo extranjero está el hecho de que cualquier cosa que le pase a Guaidó podría crear las condiciones para que el descontento social y la protesta política se conecten en una situación difícil de controlar.

No hay que olvidar que el país entero es un polvorín debido a la crisis económica, el colapso de los servicios públicos, la escasez de productos básicos y la hiperinflación, lo que hace que al día se registren 70 protestas en promedio.

Cualquier cosa puede convertirse en la chispa que encienda al país y eso lo sabe tanto el régimen de Maduro como la oposición, de allí el afán del primero por reprimir toda manifestación en su contra y sembrar en la población el miedo a la protesta, mientras el liderazgo opositor llama una y otra vez a la ciudadanía a la calle a exigir sus derechos.

3-Jugada estratégica

Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), suele ser el principal vocero del chavismo en hablar acerca del encarcelamiento de Guaidó. Luego de los hechos del 23 de febrero, cuando Maduro impidió de forma violenta el ingreso de la ayuda humanitaria internacional al país, Cabello señaló que había que ponerle “los ganchos” a Guaidó. Sin embargo, aclaró que esa decisión tenía su momento. “No se desesperen”.

Ahora, tras los hechos del 30 de abril, Cabello vuelve sobre el tema. Señaló que muchos se preguntan “por qué no meten preso a Juanito Alimaña (Juan Guaidó)” y para ellos la respuesta es que, gracias a que está en libertad, “pasa el 30 de abril y salen otros traidores, eso es bueno”. Pero indicó que “la justicia va a llegar. No nos desesperemos”.

4-Ejercer presión indirecta

Al no poder ir contra Guaidó en lo inmediato la hoja de ruta planteada seguirá en línea con la estrategia de debilitar al resto de las fuerzas políticas y, de ser posible, acabar con la Asamblea Nacional, que es la única institución legítima reconocida internacionalmente.

Según Cabello, en breve dejarán sin inmunidad parlamentaria a otros diputados de la Asamblea Nacional que participaron en los eventos del 30 de abril.

“Seguro levantaremos la mano para allanarle la inmunidad parlamentaria a todos los que participaron activamente en ese acto”, dijo.

Es decir, que seguirá la presión sobre el resto de los líderes opositores tratando de quebrar la alianza política que acompaña a Guaidó.

5-Las sombras internas

Las acciones del 30 de abril pusieron en evidencia las debilidades del chavismo y las fisuras dentro de la Fuerza Armada. Esto dio pie a que Maduro cambiara a los jefes del Sebin y de la Policía Nacional Bolivariana. Además, ha emprendido una gira por varios cuarteles e instalaciones militares exigiendo lealtad a la Fuerza Armada. Sin la necesaria revisión puertas adentro, acabando con las dudas y las crecientes sombras, pareciera que Maduro no podría arremeter contra Guaidó.

Desde hace mucho es sabido que hay dirigentes del chavismo, algunos de los cuales pasaron abiertamente a la disidencia, que han intentado buscar opciones que le garanticen la sobrevivencia política al movimiento más allá del estrepitoso fracaso de Maduro, mientras otros buscan vías que les minimicen los costos personales del derrumbe del régimen. No en vano Estados Unidos ha ofrecido flexibilizar medidas y sacar de la lista de sancionados a quienes faciliten la salida de Maduro.

Los constantes señalamientos sobre negociaciones para facilitar su salida del poder adelantadas con altas figuras de su entorno, como el ministro de la Defensa, le añaden presión y le dan un piso inestable para afrontar lo que Guaidó llama la etapa final de la Operación Libertad que, según ha dicho, implica el cese de la usurpación de la Presidencia por parte de Maduro y que, según espera Leopoldo López, ocurriría “en semanas”.

En lo que respecta a su propio margen de negociación, Maduro perdió un tesoro importante. La liberación de Leopoldo López por parte de Guaidó -ocurrida el 30 de abril- lo dejó sin su principal preso político, sin la pieza de juego que personalmente podía poner sobre la mesa en momentos clave de cualquier trato.

Ahora López se encuentra en calidad de huésped en la residencia del embajador de España en Caracas, Jesús Silva, y, según los principios básicos de las relaciones consulares, el régimen de Maduro no puede irrumpir en esas instalaciones para capturarlo.

Una acción de este tipo tendría consecuencias diplomáticas de alto impacto y colocaría la crisis actual en otro estadio de mayor conflictividad.

Fuente: Al Navío


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