Javier Rovira: Pretorianismo y autoritarismo Venezuela hoy

En este artículo de opinión el historiador y periodista Javier Rovira hace uso del análisis histórico y el manejo de categorías sociológicas y políticas para abordar y colocar en la opinión pública en dos artículos conceptos que sin lugar a duda nos harán reflexionar y aproximar a nuestra realidad contemporánea.

1). Las ciencias sociales e historia política nos presentan una serie de definiciones necesarias para poder abordar conceptualmente este artículo; tales como: militarismo, pretorianismo, autoritarismo, estado cuartel, legitimidad, caudillismo y otros.

En la mayoría de los casos los regímenes autoritarios viene acompañados de presencia militarista, según Martin Alonso en la enciclopedia del Idioma editada por Aguilar, España, tomo III ,1958 “militarismo: “…es el predominio del elemento militar o intrusión de éste en lo civil”. Militarismo para L. Radway“…es la doctrina o sistemas que valora positivamente la guerra y atribuye a las fuerzas armadas la primacía en el estado y la sociedad. Exalta la aplicación de la fuerza institucional de la organización militar. Implica a la vez, una orientación política y una relación de poder”. De aquí se desprenden diversas interpretaciones, pero en nuestro caso es la del militarismo el tema que nos ocupa, el cual es una evidente manifestación del intervencionismo castrense en asuntos de exclusiva competencia política de sectores no militares de la sociedad, en general consideramos el militarismo una evolución del pretorianismo.

En la ciencia política se conoce con el nombre de estado pretoriano “…a los regímenes políticos que sustentan su autoridad y poder y funcionalidad en el uso y abuso de sus ejércitos. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (DRAE) lo define como: la influencia política abusiva ejercida por un grupo militar, es decir con un uso excesivo e intenso y discrecional de los aparatos militares que componen esa estructura o Estado. Asimismo, “…los ejércitos dan entenderse que son el instrumento principal del poder pretoriano el cual tiene su punto de partida en el antiguo imperio romano” (Monreal).

Los orígenes del pretorianismo histórico-político

Desde el punto de vista político, el pretorianismo es un vocablo de vieja data y polisémico en múltiples sentidos. El historiador Domingo Irwin indica que el término pretoriano ciertamente tiene su origen durante el imperio romano, pero la acepción del pretorianismo (Alonso Martin) no viene a ser otra cosa más que la influencia abusiva y política que ejerce el sector militar en una sociedad dada el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, luego la misma la conceptúa en 1958 como “La influencia política abusiva ejercida por algún grupo militar”. El politólogo de las universidades de Harvard y Columbia Samuel Huntintong en su esquema analítico se refiere a un pretorianismo oligárquico implantado y a la institucionalización de un estado pretoriano basado en la idea del tambien catedrático norteamericano David Rapoport de las universidades UCLA y Barkeley; para mi es el escritor Amos Perlmutter quien define el pretorianismo histórico que no es más que la palabra para: “Caracterizar una situación donde la clase militar de una sociedad dada ejerce un poder político independiente dentro de ésta recurriendo o amenazando con emplear la fuerza” (traducido y citado por Irwin, 2008: 2).

El fenómeno pretoriano lo distingue el intelectual nacido en Polonia de la Universidad de Washington Amos Perlmutter en el libro ¨Los Roles de la política y las reglas militares ¨en dos modalidades: Árbitro y Gobernante, los primeros no se ven a sí mismos capacitados para gobernar tienen un carácter más institucional, en cambio el segundo “ambiciona participar directamente en la conducción de la nación” (Perlmutter citado por Irwin:

2). Estas acepciones son básicas para nuestro comprender este proceso histórico ya que se vinculan a las aspiraciones u objetivos planteados de las élites que pretenden la toma del poder y gobernar. Para el Dr. German Carrera Damas el proceso militarista caudillista sobrevenido posterior a la independencia venezolana viene a ser un tipo de pretorianismo histórico y Domingo Irwin explica que el S: XIX: Los ejércitos hispanoamericanos fueron ‘modernizándose’, venciendo e imponiéndose sobre el caudillismo tradicional.

Por tanto, pretorianismo es una fase previa al fenómeno del militarismo, la cual es de uso más reciente y obedece a una diversidad de criterios académicos interesantes como los planteados por L. Radway, Berghahn, E. Chanaguir y otros más. Destaca la definición de Radway tomada por Irwin: “El militarismo es una doctrina o sistema que valora positivamente la guerra y atribuye a las fuerzas armadas primacía en el Estado y la sociedad. Exalta una función –la aplicación de la violencia- y una estructura institucional: la organización militar. Implica, a la vez, una orientación política y una relación de poder” (2008: 3-4).

Si se considera lo acaecido en el hemisferio occidental Domingo Irwin nos plantea: “En síntesis, el llamado militarismo latinoamericano es en realidad una evidente manifestación del intervencionismo castrense en asuntos de exclusiva competencia política del sector no militar (civil) de la sociedad…en pocas palabras, el militarismo es la fase superior del pretorianismo” (2008: 4). También resalta que este oficial militar profesional que constituye el sector castrense “es producto de la sociedad moderna y contemporánea…donde la responsabilidad social por velar por la seguridad nacional y el bien de la nación prevalecen” (ídem). (Cursivas nuestras).

Autores como Alejandro Mendible de la UCAB, mencionan aspectos esenciales y controvertibles al referir que el militarismo asumió “vacíos”, en un momento dado, en las sociedades modernas debido a las crisis económicas, la ausencia de instituciones alternativas de organización política para propiciar las democracias a inicios del siglo XX, el catedrático venezolano plantea que:

“En los cincuenta se observa la utilización del militarismo como forma de ascenso de sectores de capas medias. Las relaciones civiles militares en algunos países latinoamericanos se caracterizaron, primero, porque se manifiesta una nueva capacidad de < gerenciar la violencia >, surgiendo los primeros intentos de gobiernos militares con esquemas de desarrollo fundamentados en la geopolítica. Segundo, se hacen intentos por formar <espíritu de cuerpos> militar diferente, la del militar modernizador y desarrollista. En la práctica, las cúpulas militares impulsan más una política militarizada que una política de las Fuerzas Armadas. Bajo un contexto nacional e internacional continúa manifestándose la tendencia del pasado de que <los jefes no se eligen sino se imponen>; y tercero, se dan nuevos pasos tendientes al profesionalismo militar mediante un sistema competitivo combinado con la evaluación” (1994: 462).

En esa década y la siguiente, el profesionalismo militar fue una nueva forma de ascenso social y militar que irrumpió en determinados países latinoamericanos, ciertamente, el profesional de las armas, se involucra en las arenas políticas en nombre del bien de la nación y el porvenir de la patria; es decir, los gobiernos militares fueron esquemas de gobiernos justificados y sustentados en razones de orden patrióticos, los cuales persiguen “…sostener o resguardar la seguridad de la nación”, así como desarrollar y formar “espíritus de cuerpos “como eran denominados por Rojas Pinilla y Pérez Jiménez (citado por Mendible) que contribuyesen a las llamadas dictaduras desarrollistas permitiéndoles impulsar “una política militarizada”(Ibídem: 463) de acuerdo a sus fines de perpetuarse y contextualizando al país dentro de la tendencia mundial sistema mundo (alude a la tesis sobre centro-periferia de 1970 del intelectual Immanuel Wallerstein citado por Martínez, 2011: 4) de ese momento histórico. Entendiendo que Norteamérica es el centro del proceso abordado.

Es conveniente destacar las cursivas del fragmento expresado por Mendible puesto que la formación de un militar profesionalizado se origina y diferencia a partir de los criterios o códigos modernos que lo configuran en un contexto especifico, entre los cuales resalta: ser un ejemplo de eficacia con accionar demostrativo inclinado hacia la concepción de desarrollo -de ciertas áreas socioeconómicos- tal como puede evidenciase en algunas dictaduras situadas en América Latina.

Es necesario tener en cuenta, por una parte, las características acotadas por Alejandro Mendible, Ocarina Castillo y Frank Rodríguez relativas al desarrollo posterior del presente trabajo; pero también nos resulta prioritario profundizar acerca de los “fenómenos militares similares “en América Latina que nos permiten contextualizar y precisar nuestra investigación.

El Pretorianismo árbitro y el Pretorianismo protagónico, filosofía del Poder Militar

Para adentrarnos en el ejercicio del poder militarista acogido por Pérez Jiménez resulta imprescindible consultar los tipos de pretorianismo que se han dado en las sociedades occidentales y de este modo distinguir en su mismo proceso histórico.

El protagonismo de los militares en el ejercicio del poder político ha sido reiterativo a lo largo de la historia republicana venezolana. Según el esquema interpretativo propuesto por el Profesor Domingo Irwin, las relaciones civiles-militares en Venezuela durante el siglo XX se han caracterizado por el influjo de una realidad pretoriana, cuyo objetivo central ha sido la consolidación de un “efectivo ejército nacional” que ha venido actuando al amparo de su disuasivo poder de fuego, como un ente corporativo capaz de imponer su criterio en cuanto al manejo de la institucionalidad política.

Tras la muerte de Juan Vicente Gómez en 1935, quien continuando la política de su antecesor Cipriano Castro, impuso un esquema centralizado de poder que redujo hasta su más mínima expresión la capacidad de maniobra del caudillaje histórico y concentró la toma de decisiones en manos del Jefe del Ejecutivo Nacional sin admitir límites para el ejercicio de su poder hegemónico.

Justamente, ese poder absoluto estaba íntimamente relacionado con la capacidad política del gobernante de turno de hacer valer su control sobre el aparato militar, sin ello resultaba más que una quimera pretender regir los destinos del país.

Domingo Irwin analiza las características del ejército legado por Gómez, afirmando que el pretorianismo arraigado en sus filas tuvo dos formas de expresión progresivas: pretorianismo potencial y pretorianismo actuante.

Luego de casi tres décadas bajo la jefatura del “benemérito” el Ejército nacional aparece sólidamente estructurado en todo el territorio nacional. Atrás había quedado la época de los caudillos y las guerras intestinas que asolaron al país durante buena parte del siglo XIX, en adelante el monopolio de la violencia será asumido íntegramente por el Estado a través de su moderna y operativa maquinaria militar. No es sólo la praxis de la vieja forma de hacer política, sino de institucionalizar una fuerza con suficiente calificación profesional para sostener un régimen que le proporcionaba margen de maniobra dentro de las instancias de toma de decisiones políticas del Estado.

El acceso del general Eleazar López Contreras a la presidencia de la república en diciembre de 1935 siendo ministro de guerra y marina, no fue el producto de una maniobra de corte personalista sino del consenso de las elites gobernantes que legitimaron el poder del ejército nacional como garante del orden existente. Igual situación, sucedería con motivo de la elección del General Isaías Medina Angarita en 1941, puesto que esta candidatura, al margen de las libertades concedidas para un debate electoral más o menos abierto, era la expresión política más acabada de la institución castrense, representando al propio tiempo los intereses de los factores dominantes de la sociedad.

Entre los años 1936 y 1945, el sector militar se arrogó una suerte de papel de árbitro de la política nacional lo que se denomina (Pretorianismo potencial o latente)

En los gobiernos de López Contreras y Medina Angarita el verdadero origen de sus estructuras de mando provenían del seno de la institución armada. Sin embargo, la ruptura entre las dos principales figuras del postgomecismo al enfrascarse en una disputa por el rol hegemónico dentro del bloque de poder dominante, genero una ruptura con un proceso de transición que finalmente fue barrido por una acción militar dirigida por la oficialidad subalterna del ejército en alianza con dirigentes del partido Acción Democrática, el 18 de octubre de 1945.

Pese al derrocamiento de un Presidente de la República, como fue el caso de Rómulo Gallegos, legítimamente elegido por la voluntad popular, significó un zarpazo de nuevo cuño que vino a inscribirse dentro de una larga lista de movimientos armados tendentes a subyugar la capacidad de la dirigencia política para ejercer el control civil de la sociedad.

El 18 de Octubre de 1945 queda patentado en la historia política nacional como la primera manifestación de fuerza corporativa de un ejército que se consideraba lo suficientemente maduro para detentar el poder político. Las Fuerzas Armadas Nacionales, como serían denominadas a partir de 1946, asumen a través de sus principales representantes la potestad de actuar directamente en la conducción del Estado, aunque de forma compartida en sus inicios. Para luego revelarse como la única institución capaz de garantizar la estabilidad y progreso del país en representación de la voluntad nacional.

En esto no habrá miramiento alguno para hacer valer la primacía de las bayonetas llegado el momento de desalojar a los civiles del ejercicio del gobierno, como en efecto ocurriría tres años después el 24 de noviembre de 1948.

Para Irwin, los golpes de estado de octubre de 1945 y noviembre de 1948 “…son parte de un mismo proceso dentro de la realidad militar venezolana”. En ambos episodios históricos se pondría de manifiesto el pretorianismo actuante de un grupo de oficiales que se asumían como la expresión más elevada de la tecnificación militar venezolana de ese entonces. Se trataba de egresados de la Escuela Militar creada a principios de siglo y cuya instrucción se vio robustecida por su pasantía en reconocidos institutos de formación castrense ubicados en el exterior.

Este salto cualitativo en la condición militar de la oficialidad joven del ejército y la marina de guerra, contrastó notablemente con la estirpe de buena parte de los oficiales superiores, muchos de ellos salidos de las montoneras y huestes heredadas del siglo XIX, cuya actuación en el aplacamiento de los conflictos armados sucedidos entre 1901 y 1903 los hicieron acreedores de su incorporación al naciente Ejército Nacional.

1. Abel Martínez en su ensayo: Reflexiones en torno al sistema-mundo de Inmnanuel Wallerstein refiere al sistema-mundo como un intento que no hace referencia a sistemas, economías o imperios de (todo) el mundo, sino sobre sistemas, economías e imperios que son un mundo (posiblemente y de hecho, usualmente, sin ocupar la totalidad del globo). En “sistema-mundo” estamos frente a una zona espacio temporal que atraviesa múltiples unidades políticas y culturales, una zona integrada de actividad e instituciones que obedecen a reglas sistémicas. (Wallerstein, l. 2005 p. 15). Hemos tomado acá el extracto de Martínez debido a su lenguaje sencillo al reflexionar acerca del aporte teórico de éste en la Revista Historia y Memoria Vol. 2 año 2011 de la UPTC de Colombia.

2. Vid. Inés Quintero, El Ocaso de una estirpe, Caracas, Fondo Editorial Acta Científica Venezolana- Alfadil Ediciones, 1ra. Edición, 1989, pp. 115-118.

3. Domingo Irwin e Ingrid Micett, Caudillos, militares y poder. Una historia del pretorianismo en Venezuela, Caracas, Universidad Católica Andrés Bello-Universidad Pedagógica Experimental Libertador, 2008, p. 11. Para esta categorización los autores manifiestan regirse según el modelo teórico definido por Amos Perlmutter, Political Roles and Military Rulers. Londres, Frank Cass and Co., 1981.

4-Ibidem,p .195.

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