Guaidó y Maduro: Estrategias disímiles frente a un dilema de vida o muerte

Por Agapito Garrido

I

¿Otro gallo está cantando?

 

Los que saben de teoría de guerra saben que la primera línea del combate se libra poniendo en la mente del adversario ciertas ideas para dislocar su capacidad psicológica de conducir la guerra con cierta eficacia.

Es lo que Maduro había estado haciendo con la pobre oposición venezolana, jugar a sus anchas como el gato lo puede hacer con un pobre ratón lleno de pavor. Hasta el 23 de enero cuando un nuevo gallo cantó en su patio, seguido por el canto de un señor Trump que enseguida le respondió el saludo dándole pleno respaldo, amenazando al gobierno con inmediatas represalias si se metían con su gallo Guaidó.

Maduro y Diosdado acostumbrados ellos a jugar el papel del machote gato que perseguía a los  despavoridos ratones, no lo podían creer. Estaban realmente conmovidos; sus rostros, demudados. No eran los de siempre: ¿Otro gallo cantando en su patio, sostenido por el bravucón de Donald Trump? ¡Fin de mundo!

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Juan Guaidó

Estaban siendo humillados frente a sus huestes, lo que ellos estaban acostumbrados a hacer a los dirigentes de la oposición. Humillarlos de todas las formas posibles era la receta cubana y frente a sus seguidores para que más les doliera. Una fórmula de desmoralizarlos y hacer que se desarticularan.

Lo hicieron una vez  inmesiricordemente a Julio Borges cuando aquel Coronel de la Guardia Nacional en la Asamblea Nacional lo patió muy feo ante un sumiso Borges que se fue con el rabo entre las piernas, encargándose de grabar la escena para que todos los demudados opositores lo vieran. ¡Fue horrible!

Creo que fue una de las cumbres del triunfo chavista desde el punto de vista de la humillación psicológica infringida a toda una oposición a través de uno de sus dirigentes.  

II

Chavismo trata de sacudirse el miedo

 

Pues bien, desde aquel 23 de enero hasta hoy Maduro y Diosdado han estado, como el toro de plaza que ha sido enbanderillado, tratando de sacarse inútilmente semejante cuchillo clavado en un costado de su orgullo: ¡No poder poner preso a Guaidó bajo las amenazas de Donald Trump!

Pero a poco a poco Maduro y Diosdado han venido tratando de revertir con pasos muy tímidos semejante indignidades que no se compadecen con las altisonantes actitudes antiimperialistas, ¡dejarse humillar por Guaidó y Trump!

Produjeron la tímida prohibición de salida del país de Guaidó y la congelación de sus cuentas bancarias, pero creo que después se dieron cuenta que habían hecho la ridiculez más balurda de su épica historia político-militar que data desde 1999.

Luego, al igual de timoratos (¿miedo?) han tratado de reaccionar con otras actitudes.  

Maduro soltó en estos días que a Guaidó se le estaba acabando su tiempo, una especie de amenaza para hacerle ver a sus seguidores que estaban tramando algo grueso contra el nuevo líder de la oposición.

Luego Diosdado diría que Guaidó no sabía lo que era escuchar silbar una bala en sus oídos, destinado igualmente a galvanizar el menguado ánimo de sus seguidores.

Hasta que finalmente Diosdado declaró que ellos eran los que decidían cuándo actuar contra Guaidó, “Cuando aquí dicen que hay que ponerle los ganchos, sí, hay que ponerle los ganchos, pero todo tiene su momento, nadie se desespere. Aquí los que estamos gobernando somos nosotros”, manifestó desde una concentración de chavistas en el estado Vargas, cansado de escuchar entre dientes la insinuación de sus huestes que tenían miedo de ponerlos los ganchos a Guaidó.

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Y es que el hecho de permitir que Guaidó actúe impunemente en el territorio venezolano llamándose presidente encargado y nombrando funcionarios constituye, en primer lugar, una mala señal que el Gobierno de Maduro manda a sus seguidores (sean civiles o militares) de que no tiene capacidad de castigar la sublevación política iniciado por Guaidó el 23 de enero y que al no castigarla se convierte en alicientes para que la sublevación vaya tomando más fuego.

Por eso, es que han hecho uso públicamente del castigo a algunos militares que supuestamente habrían estado colaborando con la CIA. Si no puede infringir castigo a los opositores, por lo menos, quiere mostrarse que sigue teniendo el poder para castigar a los traidores.  

Con lo hecho tímidamente por Maduro y Diosdado (amenazas veladas a Guaidó), quieren estos recuperar inútilmente la dignidad que abruptamente han perdido frente a sus seguidores con el aceptar (calladitos la boca), sin hacer nada, las amenazas del señor Trump de no tocarles a Guaidó ni a los demás diputados de la AN.

III.

Peligroso: Maduro y Diosdado heridos en su amor propio revolucionario.

 

Es una espina muy dura atravesada en la garganta  de perros de presa revolucionarios. Y por supuesto, hasta sus narices ha llegado las ácidas críticas de su base pidiéndoles que actúen contra Guaidó. Un duro clamor que los hiere en su amor propio,  que puedan ser entendidas por sus bases de que le tienen miedo al magnate Trump.

Y lo que están haciendo por ahora para resarcir ese amor propio herido es poniendo a firmar a sus seguidores una ridícula carta para mandársela al Señor Trump. ¿Está eso a la altura de las frases antiimperialistas y virilidad revolucionaria que tenían acostumbrados escuchar a sus militantes cuando nadie les cantaba en su patio? Esa que una vez Pedro Carreño le gritó a la oposición después de que esta ganara la AN: “¡Nosotros sí tenemos cojones!”

Presagio: Maduro y Diosdado están “obligados” estratégicamente a  arremeter contra Guaidó y la oposición si quieren reencontrarse con la voluntad de sus alicaídos y desmoralizados seguidores, que hasta ahora no comprenden por qué el gobierno no ha puesto preso a Guaidó cuando por menos ha echado a muchos opositores a la cárcel. Y la gente de la calle olfatea, que es por miedo a las represalias de Trump.  

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Nicolás Maduro y Diosdado Cabello

 

         Cuando los opositores sintieron que sus dirigentes tenían miedo frente al gobierno hasta ahí les llegó su amor por ellos; un tanto ha comenzado a pasar en las filas chavistas, están viendo señales contradictorias de sus dirigentes, al decir que no tienen miedo frente a los designios del señor Trump pero a la vez no actúan contra sus lacayos (Guaidó y compañía) aquí mismo en el territorio nacional. ¿Si no actúen contra Guaidó que está desarmado, podrán actuar contra los gringos cuando estos vengan con sus sofisticadas y mortales  armas de largo alcance? Una cuenta que la base chavista saca por intuición llana y corriente.

De un solo golpe  Guaidó y Trump pusieron al gobierno de Maduro en un grave dilema de vida o muerte. Y siguen actuando impunemente frente a las propias barbas del gobierno. Y el reloj está corriendo desesperadamente

¿Qué harán para cortar este intrincado nudo gordiano? ¿Retarán al Señor Trump? Julio César pasó el Rubicón aquella vez y desafió al poderoso senado romano. ¿Hará  lo mismo Diosdado y Maduro?

Bueno, ya Diosdado se ha visto obligado a prometer a sus seguidores que lo harán a su debido tiempo.

Falta mucho por ver correr las aguas de un proceso que puede terminar violento, más violento de lo que hasta ahora ha sido. Cuando alguien hasta ayer acostumbrado a acorralar a sus presas lo acorralan, tiene dos opciones, o corre o sale a que lo maten pero puñal en mano.

Dios bendiga a Venezuela.

 


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