José rafael Vilar: G20, más caos y espectáculo que resultados

 

Viernes y sábado, Buenos Aires fluctuará entre ser una ciudad fantasma —tras el inusual feriado y el pedido de las autoridades que dejara la ciudad todo el que pudiera— o un campo de batalla entre los manifestantes antiG20 y las fuerzas de seguridad —22.000 agentes, 3.000 del ejército y 5.000 custodios extranjeros—, aún con el recuerdo fresco del bochornoso y violento final frustrado de la Copa Libertadores.

¿Vale la pena el gasto argentino —con una economía “magullada”— de cerca de USD 112 millones (43 en seguridad)? Desde el punto de vista de la Administración Macri, es la oportunidad de reubicar definitivamente Argentina en el escenario internacional: los 26 países presentes (a los 20 esta vez se sumaron 6, por lo que serán 5 latinoamericanos) representan el 81% del PIB global, 61% de toda la población mundial y 75% de todo el comercio. Pero no será fácil.

Desde adentro, los presidentes Trump, Xi Jinping, Putin y el príncipe heredero Bin Salman acapararán la atención de los medios, los tres primeros por sus relaciones conflictivas y el saudita por las denuncias sobre él. Desde afuera, porque a pesar de todo el despliegue de seguridad y la inversión realizada, “seguridad” es la palabra menos confiable ahora, a pesar de los denodados esfuerzos del gobierno argentino.

¿Sirven estas reuniones o, como la reciente Cumbre Iberoamericana, son gasto insulso y turismo “oficial”? Mediáticamente al menos —si las protestas no degeneran en violencia— pueden ser un buen ejercicio de relaciones públicas y un autoespaldarazo a Macri.

(Como anécdotas, Peña Nieto asistirá su último día de gobierno a la firma del T-MEC —el nuevo TLC— en BsAs y Temer iniciará su último mes en Planalto.)


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